jueves, 24 de febrero de 2011

Sencillo, pero efectivo.



Tom Grass. Su respuesta a un posado formal para una entrevista (2005.)

“Me voy, voy a comprar tabaco” Esas fueron mis últimas palabras. Hacia el bar me dirijo, una copa, una copa, es lo único que pido. Pienso, antes de entrar, que ya no hay máquina. Creo que será buena idea ir al local de ambiente más cercano, ya que allí aún hay una máquina expendedora. Ofrézcame todo en monedas, Jebuzz me había pedido también una cajetilla. Si no me importaba. No, no era molestia. Cargo con su cajetilla y entro en el local. ¿La copa habitual? No veo por qué no. Miro la cartera, aún me sobraba algo para pagar aunque fuese un par. Si no, siempre podía hacer porque me fiasen. No obstante era el mejor cliente. Yo pagaba. Yo bebía. Siempre. Cosa que no se puede decir de todos. Sobre alguno lo único digno que se podía decir es que era hermano de una rata. Un paria, un mierda. El dueño se quejaba de lo que le sangraban mes si, mes también. ¿Te das cuenta? Que coño vas a saber tú.

Una vez me la sirve, salgo a fuera a aspirar aire, y a bañarme en realidad. Él también está jodido, se le ve, se le nota, pero nada dice. Me pide fuego. Como es habitual, me tiembla la mano. Ya desde hace unos años. Me parecía increíble que fuese capaz si quiera de coger un lápiz. ¿Tienes frío? Yo nunca. Allí se apoyaba, dando una calada a cada segundo, casi. Había problemas. Siempre los hay. Quieras o no, estás jodido. Es sencillo. Con una facilidad pasmosa, una frase, una mirada, o lo que es mejor, una ausencia de la misma te colocaba una pesa a los pies y te mandaba al fango. Eso le pasaba a él.

Dentro del local me encuentro al portero. Hoy no trabaja. El dueño vuelve a entrar, pero sale al rato, los alborotadores surgen de debajo de las piedras, con mayor facilidad si regentas un bar. Como ocurría con aquel capullo. Se había metido donde no le llamaban. Le habían caído unas hostias. Lo comento con el portero, hoy no es su día de trabajo, hoy, al menos, es una persona más. Allí está agarrado a su litro. De entrada les digo mi opinión. Ellos dicen:

- Hay que tener cojones para decir esa frase a alguien al que se le acaba de morir el padre, se las tenía merecidas.

- Si, es cierto, matarlo a palos era poco, menudo mierda…

Yo respondo:

- Hombre, tampoco hay que ser crueles, cruel ya ha sido la vida dándole esa cara.

El portero sonríe, para luego romper en una carcajada. La noche va pasando, podrías ponerme otra copa, ¿no crees? Eso ocurre. El camarero me dice en un punto de la noche si tengo un momento libre. "Efectivamente", le digo. Podría estar con la columna partida en la unidad de cuidados intensivos, lo escucharía igual. Mi altruismo me propicia una copa más a placer, gratis. Ser generoso a veces merece la pena. En el exterior el rebumbio sigue sonando, pero hacemos oídos sordos a todo cuanto pasa. Cosas más importantes se fraguan dentro. Salimos a fuera a hacernos eco de los sucesos. Tal persona ha bebido demasiado, tal otra no lo suficiente. Lo de siempre. Retales inconexos de vidas que en realidad nos importan un carajo. El camarero se me acerca, y me dice si puede hablar conmigo. La verja se baja, la verdad surge.

- Tíos, tengo un problema, desde hace unas semanas con mi mujer no van bien las cosas, lo sé, se que resulta prematuro, pero atando cabos esto es lo que me surge, y no sé que puedo hacer…

Tras algunas apreciaciones de los allí presentes, le digo las cuatro frases que soy capaz de concatenar.

- Jefe, no debes de martirizarte. Lo sé, sé que está enraizado en tu manera de ser, pero piénsalo de esta manera. Crees que todo lo que va mal entre vosotros es culpa tuya, sobre todo por no haber intercedido cuando apareció aquel capullo. Si, ella necesitaba tiempo, pero bueno. Piensa que es el principal problema de las relaciones, y el principal problema es que sois dos. No radica en que tu cargues con todo el peso de lo ocurrido, sino en que afrontes el problema como algo más, no en que te mortifiques por algo que tú has hecho a los dos, sino que afrontes lo que puedes hacer tú por el bien de ambos.

El portero me mira y se reafirma en lo que digo. “Eres capaz de decir cosas inteligentes, a veces. Se nota que sabes.” Claro que sé. Hacía tiempo que mi corazón había sido arrancado y sustituido por tripas, que provocaban que escupiese mierda por la boca, pero a veces era capaz de soltar algo coherente, y, por qué no, iluminar al vulgo. Una vez cerrado el local allí nos quedamos, el camarero, el portero y yo. El camarero ya llevaba tiempo bebiendo, hacía mucho que no lo veía beber de semejante manera. En cierto momento entra al baño. El portero se me acerca.

- Tienes que hacer algo, mira como está, está hecho mierda, y esto le repercute en regentar el local. El último sábado abrió dos horas tarde y cerró media hora antes…

- No te preocupes, si tengo que entrar en el baño y sacarlo a rastras, lo haré, y si tengo que infundirle ánimo, también.

Se me daba bien esa basura. Dime lo que quieres oír, y lo endulzaré de semejante manera que la realidad a partir de ese momento te parecerá un cúmulo de basura. Nos acercamos al baño e intentamos abrir la puerta. “Está tirado en el suelo.” Abro la puerta, entro y lo cojo en brazos. Pequeño gran jefe, esta no es manera. No para ti, predica con tu ejemplo. Aunque siempre sea fácil escudarse tras una barra. O detrás de lo que sea.

Decimonovena máscara que veo en lo que va de día, ya está bien…"

Tom Grass, parece que todos los días.

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