martes, 2 de marzo de 2010

El Niño y la Bestia


El Niño y la Bestia caminan. El Niño es menudo, su pelo es negruzco y sus ojos azabachados. El Niño es bondadoso, tierno, difruta de ensoñaciones que nadie es capaz de entender. El Niño confia, se preocupa y se fija hasta dónde otros no son capaces de llegar. Siempre que puede pinta una sonrisa, trata de hacer que los que están a su alrededor sonrían, aunque sólo sea por un fragmento de tiempo apenas perceptiple, pero él es consciente de ello. Si varía aunque sea un ápice, la volverá a esculpir, así sea en el cielo. Pero el Niño tiene miedo.

El Niño y la Bestia caminan. La Bestia es monstruosa, y sus ojos ardientes. La Bestia es letal, ácida, desea el mal a todo aquel que se le antoje. La Bestia es cruel, hiriente. Todo un mundo de cuchillas oxidadas y pinchos aguzados están guardados en sus entrañas. La Bestia ruge, movida por la ira, escupe, maldice, golpea, araña, está dispuesta a diseccionar con garras como guadañas, arrasaría mil naciones sólo para su propio regocijo. La Bestia es ególatra, narcisista, destructiva. Pero la Bestia está encadenada.

El Niño y la Bestia caminan, el Niño con miedo y la Bestia con grilletes. El Niño tiene las llaves, pero la Bestia no debe ser liberada. Han de ser controlados sus zarpazos. Sólo cuando el Niño no teme, puede sacar las llaves, pero nunca sabe dónde las ha puesto. A veces prefiere perseguir mariposas. La Bestia en cambio prefiere regodearse en llantos ajenos. Sólo cuando la Bestia está calma y el Niño está seguro, podrás verlos. Mientras tanto seguirán caminando...

martes, 9 de febrero de 2010

miércoles, 3 de febrero de 2010

...



Y a quién le importa que me ahogues en mi propia sangre?

jueves, 31 de diciembre de 2009

London, early evening...


DRACULA:  Absinthe is the aphrodisiac of the soul.  The green
fairy who lives in the absinthe wants your soul. But you are
safe with me.

MINA: Tell me, Prince, tell me of your home.

DRACULA: The most beautiful place in all creation.

MINA: Yes, it must be. A land beyond a great, vast forest
surrounded by majestic mountains, lush vineyards, and flowers of
such frailty and beauty as to be found nowhere else.

DRACULA: You describe my home as if you had seen it firsthand.

MINA: It's your voice, perhaps. It's so familiar. It's like
a...it's like a voice in a dream I cannot place, and it comforts
me when I am alone. And what of the princess?

DRACULA: Princess?

MINA: There is always a princess with gowns flowing white. Her
face...her face is the river. The princess, she is the river
filled with tears and with sadness and with heartbreak.

DRACULA: There was a princess...Elisabeta. She was the most
radiant woman in all the empires of the world. Man's deceit
took her from her ancient prince. She leapt to her death into
the river that you spoke of. In my mother's tongue, it is
called "Arges", River Princess.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Entonces duerme...

Josele reteje melodías pasadas a través de un altavoz que apenas se sustenta en una vieja alcayata. La habitación tiene el típico ambiente de decadencia en la que nos movíamos los jóvenes de aquella época: Dos colchones roídos por el paso del tiempo, unos cuantos carteles de grupos a los que adorabamos, una guitarra superviviente a batallas que sólo podíamos llegar a imaginar, y una bombilla que lo bañaba todo de una ténue luz. "No me molesta, hay un rincón, donde sabré defenderme". Eran poco más de las dos de la madrugada de aquel sábado, y los aromas de Dioniso se entretejían con el humo predominante en el ambiente. El resto de gente se había marchado ya, otra agridulce derrota más en las cuentas a solucionar ante el espejo. "Pasa la fiesta, que decepción, no me tomabas en serio". Nuestras miradas se incendiaron. Era la viva imagen de todos y cada uno de los sueños que habiamos tenido. Su tacto era el del terciopelo, su olor el de todos los campos en flor, y su aliento era el de Dios mismo. El tiempo se paró hasta que todas las lágrimas de Eros fueron derramadas. "Quiero que sueñes conmigo..."

lunes, 23 de noviembre de 2009

"Me llamo John Edwards y tengo 25 años. Vivo en un pueblo cercano a la zona de Kansas City. Soy hijo de un peón de la construcción, John Edwards senior, y de una dedicada ama de casa, Amelie Edwards. Nuestra casa pertenece a uno de los barrios de la zona nueva, en la que cada casa es igual a la anterior. Una modesta fachada de madera iluminada en blanco y un pequeño jardín era lo que se repetía para cada familia a lo largo de todas las calles. Cuando era niño me distraía contando el veteado de la madera, intentando descubrir un pequeño nido de polilla dondequiera que lo hubiese. Siempre pensé que siendo las casas de madera, debería haber algún bicho de ese tipo habitando. Siempre lo había. Disfruto con la pintura, y la lectura, ya que nunca se me dió especialmente bien el deporte. Leía viejos libros que tenía mi madre, mi abuela había regentado una librería, y casi siempre le daba a mi madre los que al tiempo nadie compraba. No eran gran cosa, mi madre nunca los había leído, pero dada mi tendencia a leerlo todo decidió dármelos, así al menos se les sacaba provecho, decía..."

- ¡Abran la celda 16!¡Venga!

- ¡¡Se solicita tu presencia, escoria!! Ya tienes asignado a un abogado que quiere llevar tu puto caso. Rezo por el alma de ese insensato...

- Espere un segundo, estoy terminando esta línea...


"...Me llamo John Edwards y tengo 25 años. Soy canibal."

sábado, 14 de noviembre de 2009

Y por qué no...?

La noche había amainado al fin. Las nubes mostraban un rostro clemente tras horas inagotables de castigo. Parecía una vuelta de la lluvia primigenia. El taxi discurre por las arterias de la ciudad, impasible a mi estado. Sortea semáforos adivinando la combinación exacta, fruto de lo que supongo será la experiencia intrinseca a un viejo lobo de mar. La marea ha dejado de discurrir en vertical. Intento mantenerme todo lo despierto que puedo, no querría repetir una de las tantas escenas que se intentan encajar cual puzzle en mi memoria. Bajo. El humo se entrmezcla con el frío, pero pese a todo la chaqueta sigue sobrando. Siempre sobra. Siempre hay algo en un recóndito escondite en la memoria que hace alumbrar esa candela que deja de violar las heridas. Lástima que haya perdido la caja de cerillas. Hoy, tras meses, por no decir años, de intentonas, la puerta del bloque está abierta. Debería dormir, pero algo en mi fuero interno me dice lo que ya se adivina...